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Transformaron creatividad y pasión en ingresos económicos

A veces por necesidad, otras para cumplir el sueño de liderar un proyecto y en ocasiones para generar un ingreso extra se comienza a emprender, que es muy diferente a trabajar para ella. El emprendedor tiene la intención y crea una empresa para insertarse en el mercado, fabricando un producto o bien prestando un servicio.

Así, después de detectar una oportunidad de negocio y trabajar para desarrollarla, surgieron cientos de empresas exitosas en todo el mundo. Los impulsores de esos proyectos pusieron esfuerzo, responsabilidad, conocimiento y creatividad, para salir de la zona de confort y asumir los riesgos que fueran necesarios. En Posadas, hay cientos de personas que por hobby o necesidad decidieron emprender.

Iniciar un negocio propio conlleva dedicación, tiempo y esfuerzos de distinta índole. Aprender un oficio, sentir pasión por él y poder vivir de la actividad que se elige es un logro de muchos emprendedores, como los que se presentan a continuación. Son todos de Posadas y de diferentes edades.

Cotillón y blanquería

Ángela Benítez hace 12 años decidió emprender y crecer económicamente a partir de sus propios esfuerzos. Comenzó haciendo cotillón en escuelas y con el paso de los años amplió la oferta.

Ángela, además de continuar con la decoración en telas y globos junto a dos socias, sumó a su actividad el rubro de la blanquería. Pasa varias horas al día dedicando su tiempo a las exigencias de sus clientes y superándose en la calidad de sus productos.

Arte en el trabajo

En el arte y la pintura, Belén Deluccas encontró un sustento económico y un medio de vida. Con mucha creatividad pinta macetas de diferentes tamaños, mates, vasos para disfrutar un tereré, portallaves y otros objetos decorativos originales, ideales para regalar o regalarse.

El emprendimiento se llama “Deco & Macetas”. En su relato hay una invitación a valorar el trabajo manual, personalizado y el esfuerzo de miles de personas que eligen no quedarse de brazos cruzados, sino animarse y empezar a transitar el camino de emprender para ser sus propios jefes. Decidió dedicarse a esta actividad hace dos años y hoy es su sustento económico.

La historia de Belén es otro ejemplo de que un hobby o una habilidad pueden transformarse en una fuente laboral y aunque el camino no es fácil, ser perseverante y tener constancia son dos cualidades fundamentales que deben acompañar el proceso creativo.

Superar obstáculos

Yolanda de Matos es otra de las tantas mujeres que se animaron a superar los obstáculos y los estereotipos sociales para transitar por el camino del emprendedurismo.  Con esta decisión, logra cada día sostener la economía de su hogar, tejer redes con otras trabajadoras y transmitir lo que sabe a través de las capacitaciones que brinda.

Yolanda se dedica a decoración de eventos sociales y a lo artesanal desde el reciclado. Con diferentes materiales, que a diario son desechados en los hogares, fabrica verdaderas obras de arte: cajas de té, bolsos materos, cuadros, lámparas, jarrones, entre una gran diversidad de productos.

El camino no fue sencillo. Yolanda relató que comenzó con esta tarea en 2005. Era ama de casa, no tenía trabajo pero decidió estudiar. “Me formaba a escondidas porque mi pareja en ese momento no me permitía ni estudiar ni trabajar. En 2009 me animé y me largué a trabajar con esto. Hoy tengo el taller en mi casa, trabajo sola y vivo de lo que hago”, relató.

Zapatos misioneros

Carina Villalba tiene una empresa familiar denominada “Kary Ant calzados”, un emprendimiento en el que se confecciona y venden zapatos de cuero para hombre, femeninos en cuero y símil cuero, y para chicos. Además, tiene una línea de ojotas y franciscanas de cuero para hombres, panchas y sandalias de símil cuero a la moda para mujeres. Realizan también zapatillas a pedido, con suela febo y cocidas a mano, ya que muchas personas tienen el empeine alto o quieren un color especial. Ofrecen un producto con garantía a los clientes.

En Buenos Aires, Carina conoció a su esposo, quien trabajaba para grandes firmas de calzados y tenía las herramientas de costura. “Por la inseguridad de allá vinimos a Misiones. Como acá no había una fábrica que necesitara solo de la costura, empezamos a emprender. Invertimos en la compra de maquinarias y así hace 13 años tenemos nuestros productos en Misiones”, comentó.

La pareja sustenta la economía del hogar con este proyecto. “Hoy la gente ya nos conoce, como nuestros productos son duraderos nos compran con más confianza. No es lo mismo comprar un calzado que a la cuadra se despega por el calor misionero, en comparación al producto que ofrecemos de alta calidad en el pegado”, aseguró Carina. La empresa familiar además abastece a una zapatería ubicada en el centro posadeño.

Talla grande

Miriam Chelaliche es una mujer que decidió no tener más jefes. Hoy se dedica a fabricar prendas de vestir y hace unos meses realizó el lanzamiento de camisolas, remerones y vestidos en todos los talles. Sus productos  son creados a partir del uso de diferentes telas como fibrana, modal, encaje y seda fría. “Había comenzado mi emprendimiento en el rubro blanquería y pintura artística. Hace un tiempo decidí hacer un cambio. Realmente me fue fantástico, vendí toda la producción que había preparado”, contó entusiasmada.

“Todo empezó porque me hacía la ropa para mí, entonces la gente empezó a preguntarme por qué no hacía para venderlos”, comentó. Miriam explicó que existe un mercado que está desatendido, al que le cuesta encontrar ropa de talles grandes. Su éxito radica en confeccionar prendas para este segmento, además de contar con un precio accesible, muy por debajo de lo poco que se encuentra en el mercado habitualmente.

Antes de emprender, Miriam trabajaba en relación de dependencia que le ocasionó numerosos problemas de salud. Por ese motivo decidió dedicarse a lo que le apasiona y hoy le posibilita contar con los recursos para vivir dignamente: la actividad textil.

Emprender a los 80 años

La historia de Luis Romero se destaca por la fortaleza y las ganas de emprender para continuar aportando a la economía familiar. Con sus 80 años, ya jubilado, Luis decidió incursionar en la producción de plantines de jardinería y hoy los comercializa en un mercado de Posadas. “Buscaba una forma de seguir después de jubilarme. Un día fui al Mercado con mi hija a comprar un pedacito de carne y ahí vi y dije ‘qué lindo lugar’ y se me ocurrió que podía dedicarme a la venta de plantas para jardines. Me acerqué a hablar con la administración, fueron a mi casa a ver la producción y hoy tengo un lugar”, comentó.

Luis trabaja solo, debido a que su esposa ya no puede hacerlo.  Entre sus plantines tiene: hortensia, ruda, clavelina, albahaca y roseta, entre otras.  “Me va bien porque me han dado un espacio, la gente que trabaja acá me ayuda y me hice muchos amigos. Se vende bien, me alcanza para reponer los plantines y sumar a la economía de mi familia”, subrayó. Para Luis se trata también de una actividad relajante y de distracción. Compra las semillas, arma los tablones en su casa y cultiva.

El arte de doble filo

Javier Rivero supo encontrar en la fabricación de cuchillos artesanales la combinación perfecta entre la pasión, el esfuerzo y el oficio. Hoy lleva adelante su propio proyecto con el cual sustenta la economía del hogar.

Javier aprendió el arte de la cuchillería con su padre, quien le transmitió el conocimiento y la técnica. “Me dedico a la cuchillería desde la cuna, porque mi papá era cuchillero. Es una pasión porque cuando hago esto me olvido de todos los problemas, me encanta y por eso vivo de esta actividad”, relató entusiasmado sobre el arte de doble filo.

Además de los chuchillos, Javier brinda el servicio de templado, afilado y restauraciones y fabrica facones para gauchos y trabajos rústicos en madera, principalmente cartelería. Por la mañana atiende su puesto y por la tarde se encuentra en el taller creando las piezas de cuchillería, mientras su esposa lo ayuda a coser las vainas de cuero.

Propuesta dulce

Jubilada y ante una situación difícil, Deolinda “Chiqui” Pedrozo (65 años) decidió iniciar su propio emprendimiento. Con lo poco que tenía en su hogar comenzó a elaborar pan casero y budines de frutas. Junto a una vecina instalaron un puesto en la esquina de su casa, donde vendían todo lo elaborado.

Después, en 2012, consiguió un box en un centro comercial donde vende sus exquisitos budines, tortas y pan de martes a sábado. Cuenta con una nutrida clientela que semana a semana busca sus productos.

Chiqui contó que al comienzo fue duro porque sólo tenía una cocina a gas y pocos elementos para la elaboración de los panificados. En lugar de desanimarse, elaboró un proyecto para solicitar una asistencia económica a la Municipalidad de Posadas. Consiguió la ayuda y adquirió varias cosas. Así, de docente jubilada pasó a conducir un emprendimiento de panificados dulces.