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¿El más barato o el que tiene el mejor precio?

El valor de venta de un producto es el resultado de la suma de los costos de producción o elaboración, comercialización, garantía, el margen de ganancia y la carga impositiva. Los impuestos los establece el gobierno, y se destinan a programas sociales, de salud, educación y seguridad, entre otros. En Argentina, según el segmento que se mida, la carga impositiva total puede llegar al 80% del valor que paga el consumidor. Es aquí donde la responsabilidad del usuario de exigir una factura al pagar es de suma importancia, ya que “un descuento del 10%” por no emitirla significa un sobreprecio, además de generar una pérdida al gobierno que comienza a “ajustar el gasto” por falta de recursos.

La carga impositiva está compuesta por el IVA, el impuesto al cheque, ganancias, aportes patronales, ingresos brutos y municipales entre otros. Los costos de producción incluyen el valor de la mano de obra, energía, agua, servicios varios, seguros, garantía del producto, gastos administrativos, mantenimiento de equipos y, por supuesto, la materia prima entre muchos otros.

En general, el consumidor dispone de una cantidad de dinero para adquirir un bien. Cuando va a pagar y le ofrecen “un descuento del 10%” por no emitir una factura, en realidad está siendo estafado. El precio final del producto ya contenía el monto de los impuestos que el empresario debería abonar si emite la factura, por lo que la ganancia obtenida se dispara en un 70%.

Cuando va a adquirir un producto o servicio de alto valor, como infraestructura, aberturas o cerramientos, antes de comprar consulta con amigos, conocidos, profesionales y, gracias a la tecnología, páginas Web especializadas y en las redes sociales. Por diferentes razones, preselecciona una empresa “reconocida” del ramo y otra que ofrece el mismo producto a un valor muy inferior.

Durante las consultas el comprador busca asegurarse que el producto cumpla con las condiciones técnicas y de durabilidad. La tentación, si la explicación del vendedor es convincente, es comprar el producto al valor más bajo posible (el más barato), sin tener en cuenta en ese momento ciertos costos “ocultos” en la prestación de los servicios de entrega, colocación o montaje y garantía. Estos imprevistos para el usuario se presentan como retrasos en la entrega, productos dañados o de segunda selección,  colocación deficiente o falta de respuesta ante fallas, falta de garantía escrita, “el vendedor no está y la empresa no se hace responsable por los problemas que haya causado” y otros.

En caso que el consumidor elija la empresa que comercializa el producto con un precio más elevado, el valor “oculto” en el precio final, además de incluir los impuestos, brinda la confianza de contar con el seguro de los trabajadores que realizarán la entrega o el montaje, una garantía por escrito y la seguridad de que las personas que lo atendieron harán todo lo que esté a su alcance para solucionar un problema. Además, el consumidor pasará a formar parte de un selecto grupo de personas que son valoradas por decidirse a adquirir productos de calidad a un precio justo.

Entonces, ¿compro el más barato o el que tiene el mejor precio?